Cootregua cumple 30 años de excedentes sociales

María Isbelia Gutiérrez Molina, gerente de esta cooperativa multiactiva, dice que la regulación del sector es muy rigurosa.

La Cooperativa Multiactiva Cootregua, que opera en los departamentos de Guainía y Guaviare, está cumpliendo 30 años, y tiene una historia digna de contar.

La idea de su creación surgió porque los empleados públicos del municipio vendían anticipadamente el salario a dos personas de Inírida, la capital de Guainía, que se dedicaban a ese negocio y cobraban el 10% de interés. La gente vendía su salario porque el sueldo no les alcanzaba, y en esa región no había cómo generar ingresos en actividades diferentes a su oficio.

 

En 1988, la dirección del sindicato de empleados de la Secretaría de Educación propuso la creación de la cooperativa. Entonces se decidió autorizar al Fondo de Empleados para hacer un descuento de $500 o $1.000 de aporte social. También se acordó un aporte de $500 semestrales como cuota de sostenimiento de la naciente entidad.

En junio de 1989 la institución solidaria aún no había sido aprobada por las autoridades en Bogotá, pero contaba con casi 200 aportantes. Sin embargo, solo 29 habían hecho el curso de economía solidaria, y por eso ellos figuran como sus fundadores.

 

 

María Isbelia Gutiérrez Molina, su actual gerente y quien ocupa el cargo desde 1998, una misionera que llegó hace muchos años a la zona como profesora, dice que la entidad nació por iniciativa del Sindicato de Trabajadores de la secretaría de Educación de Inírida.

“Iniciamos apoyando al Gobierno en diferentes proyectos sociales y en la prestación de servicios de capacitación. Ejecutamos muchos programas como “Empleo en Acción”, capacitamos a microempresarios, trabajamos en el plan de fortalecimiento de la cadena de la economía de la madera, con el Ministerio de Educación fuimos los promotores del Centro de Educación Regional”. Indicó que esa alianza fue firmada a pesar de que el decreto del Gobierno decía que dicha tarea la debía prestar una institución de educación superior, pero como en Inírida no había ninguna universidad, nos la asignaron a nosotros. “Así iniciamos la capacitación a distancia por 10 años”. Hoy, el programa lo atienden las universidades que han llegado a la zona.

 

El primer préstamo se hizo en diciembre de 1990, porque la personería jurídica la otorgaron varios meses después. De esa manera empezaron a generar recursos provenientes de los intereses, que indudablemente eran más bajos que los que cobraban los compradores de salarios.

La cooperativa atendía en un pequeño espacio que le prestó la Secretaría de Educación y varios años después abrió oficina al público y empezó a captar ahorro de empleados de otras instituciones que operaban en Inírida. Sin embargo, en 1995 abrió la captación de público en general.

Aunque la entidad nació como una cooperativa de ahorro y crédito, en los primeros años solo otorgaba créditos y prácticamente vivía de los convenios con las entidades del Estado.

Sin embargo, más adelante se volvió multiactiva porque la gente comenzó a pedirle que prestara otras funciones, debido a que en esa zona hay muy pocas empresas.

Por ejemplo, en el corregimiento de San Pelipe, Cootregua le manejó hace años a la Cancillería colombiana un programa de seguridad alimentaria. “Nosotros le decíamos a la gente que ahorrara para cuando se acabara el programa. Ellos producían gallinas y nos entregaban los huevos en consignación. Cuando llegaban los huevos al área urbana los vendíamos a $20.000 la paca, en momentos en que en el pueblo valían a $30.000. Entonces la gente los compraba todos.

Nosotros les entregábamos un recibo que decía: recibí de fulano o fulana de tal la suma de $40.000 por concepto de dos cubetas de huevos. Esa era la plata que llegaba a las cuentas de ahorro”.

El programa se acabó, pero a la gente le quedó la cultura de ahorrar. Todo esto ayudó a que Cootregua pasara por encima de la crisis financiera del 98, cuando se quebraron varios bancos y cooperativas del sector en el país.

Hoy, la entidad continúa prestando estos servicios a los asociados, como comprarles un teléfono, un computador, el mercado o concentrado para las gallinas y enviarlos a zonas apartadas, debitándoles ese costo de su cuenta de ahorros”.

En el 2005, Cootregua abrió oficina en San José del Guaviare, con personas que recibían los recursos de Familias en Acción.

 

RESULTADOS

 

La Cootregua cerró el 2018 con 9.385 asociados y una cartera cercana a los $14.000 millones. Además, el año pasado produjo excedentes por más de $200 millones.

“Guainía tiene una extensión territorial y eso dificulta el cobro de la cartera, cuyo índice de morosidad es alto. La gente se va un tiempo para alguna zona a trabajar y regresa seis meses después y paga todas las cuotas atrasadas de los créditos. En Guaviare la cartera es normal”, afirma la gerente de la cooperativa.

“La Superintendencia Financiera me obliga a castigar cartera sin tener en cuenta las condiciones especiales de la zona. La gente no puede salir al casco urbano cada semana o cada mes, porque el transporte es muy caro. Desplazarse entre una zona y otra puede costar un millón de pesos.Hay personas que llegan a la oficina un año después y pagan todo lo que deben, incluso los intereses de mora. La gente incumple los plazos, pero no el pago”, dice la gerente.

 

En la actualidad, Cootregua tiene un convenio con el Banco de Bogotá, para que sus asociados y ahorradores manejen tarjeta de crédito, la que sus clientes usan en los cajeros de la red de bancos que hay en San José del Guaviare e Inírida.

En este momento, Cootregua tiene presencia en Inírida, San José del Guaviare, Calamar, El Retorno, Barranco Minas, y dos puntos de información. La gente paga los créditos en las oficinas del Banco Agrario y otras entidades financieras con presencia en la zona.

“Aunque en los últimos años han llegado otras entidades financieras a la región, los usuarios saben que Cootregua tiene tasas de interés más bajas y atiende a los clientes de manera personalizada”, dice la gerente de la entidad.

Sostiene que su preparación académica no solo responde a la experiencia, sino que ella estudió administración de empresas de economía solidaria y ha realizado decenas de cursos y capacitaciones, a lo largo de los 30 años de servicio. Asegura que el Gobierno debe entender el sistema solidario y manejar otros parámetros para medir la solidez. “Yo he visto ‘totiarse’ a muchas empresas que tienen calificación triple A”.

Fuente y foto: portafolio.co

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