El cooperativismo: la vía para la legalidad, el emprendimiento y la equidad en el campo colombiano.

Resulta evidente decir que la agricultura en Colombia tiene graves problemas de productividad y que nuestra competitividad es limitada frente a otros países que han alcanzado importantes niveles de desarrollo agroindustrial. Muestra de ello es la muchas veces vergonzosa realidad que enfrentamos cuando nos encontramos en un supermercado un pollo importado que resulta más barato que un pollo nacional. Gallinas son gallinas y las colombianas no es que sean necesariamente más caras por ser alimentadas con frutas exóticas o recibir un tratamiento de spa. Otro ejemplo de una lista que se antoja interminable, es que tengamos que importar más de cinco millones de toneladas de maíz porque no nos alcanza con la producción nacional. Nuestros antepasados chibchas entrarían en cólera si se enteraran.

Tampoco son secreto las dificultades por las que tienen que pasar las familias campesinas en Colombia para poder llegar a fin de mes y aspirar a tener unas mejores condiciones socioeconómicas. Precisamente, parte del problema estructural de la agricultura colombiana son los pequeños productores agropecuarios que no logran responder a las cada vez más altas exigencias de los mercados. Ojo, no estoy diciendo que los campesinos sean la causa del problema, estoy diciendo que son parte del problema. Las razones detrás de los problemas estructurales que afectan a la agricultura Colombia están muy lejos de ser evidentes y sería cauteloso en creerle a cualquier persona que profese saber la receta mágica y única para arreglar nuestra agricultura.

Quienes reducen la problemática de los campesinos a un único aspecto como la falta de esfuerzo o a una limitada cultura empresarial, adoptan una posición cómoda que roza la línea de la indiferencia, uno de los 7 pecados capitales cometidos por varias generaciones de colombianos que influyeron para que el conflicto se haya prolongado por más de 6 décadas. El argumento de las personas que piensan de esta manera se reduce en mostrar ejemplos de superación de muchos campesinos que han creado empresas exitosas con el sudor de su propia frente. –Si ellos pudieron entonces los demás también pueden, argumentan. El fallo detrás de este argumento está en que los empresarios agrarios que lograron superar las condiciones más adversas son una excepción que simplemente confirma la regla.

De hecho, los campesinos que pudieron (nótese que intencionalmente no digo lograron) superar su situación no es porque sean personas extraordinarias que se esforzaron más que nadie, sino porque han tenido una red de apoyo, ya sea a nivel familiar, educativo, social, económico e incluso ambiental con una tierra rica en recursos, que les ha permitido llegar al punto donde están ahora. Este hecho lo confirman estudios científicos que determinan que las personas que tienen una mayor capacidad para superar los problemas (o con mayor resiliencia), son aquellas que han tenido un ambiente de soporte mínimo para hacerlo.

Abordar de forma correcta la problemática del campo colombiano implica hacerlo de forma integral, analizando las causas desde una perspectiva que aborde la complejidad del campo desde el punto de vista económico, político, social y ambiental. Aunque las soluciones a la problemática sean más costosas y complejas que destinar recursos públicos a la organización de mercados campesinos o diseñar programas de compras públicas para pequeños productores, es fundamental construir una línea de política que responda de forma integral a la ruralidad. De hecho, si el gobierno realmente quiere abordar las tres prioridades de su plan de desarrollo: equidad, legalidad y emprendimiento en el campo colombiano, la promoción y fortalecimiento de organizaciones de productores es la única vía integral que responde a estos tres componentes. La forma, al igual que el fondo, influye. No se trata de cualquier modelo de organización de productores, estoy hablando de cooperativas agrarias.
Una cooperativa es un emprendimiento colectivo que necesita ser eficiente para cuidar sus recursos y generar excedentes operativos, sostenible con el medio ambiente, innovadora para crecer y transparente con su modelo de organización interna. Tal y como cualquier emprendimiento, una cooperativa necesita gozar de un liderazgo fuerte, una gerencia que se preocupe por mejorar su funcionamiento día a día y superar los cuellos de botella que existan, desde la provisión de insumos hasta la transformación y comercialización de los productos. Un equipo de gestión financiera que realice planificaciones presupuestarias realistas y transparentes y cuide de la solvencia, liquidez y rentabilidad de la organización. También, una junta directiva que se encargue de proveer visión estratégica y representar los intereses de todos los socios.

Una cooperativa es una entidad que tiene que ser legalmente constituida para funcionar y operar en el mercado. Es una persona jurídica como cualquier otra, que tributa y contribuye al bienestar de una sociedad a través de sus aportes económicos, sociales y ambientales. Pero tampoco es una persona jurídica cualquiera en el sentido de que es la única alternativa jurídica que tienen los productores para organizarse y operar como una empresa. En el campo colombiano abundan las asociaciones que se crearon por las exenciones tributarias que estas tienen, sin embargo, con la última reforma tributaria del 2016, muchas asociaciones que por naturaleza solamente pueden tener un objeto social han sido desmanteladas. Una cooperativa, por el contrario, es un modelo asociativo que mantiene el balance legal entre el componente social y el componente empresarial de su operación.

Por último, una cooperativa exitosa promueve equidad en el sentido amplio de la palabra.

  • Económicamente, la organización de pequeños productores permite la consolidación de mayores volúmenes, economías de escala en insumos, inversión en maquinaria, la diversificación de la oferta de productos, menores costos de transacción y un mayor poder de negociación, factores que resultan en mayores ingresos, mejor posición en la cadena de valor y oportunidades de negocio cuyos excedentes se distribuyen entre muchas personas que han aportado con su esfuerzo, su trabajo y su producción.
  • Políticamente, los productores que unen su voz en organizaciones como las cooperativas pueden tener mayor incidencia en consultas, negociaciones y diseño de políticas públicas. A través de mecanismos democráticos, los líderes de las organizaciones de productores pueden representar los intereses de todos los asociados y llegar a influir en factores estructurales que les afectan. Todo esto deriva en una mayor equidad en la representación de los miembros de una cooperativa.
  • Socialmente, el modelo de gobierno de las cooperativas pone énfasis en aceptar las responsabilidades que conlleva la membresía, sin discriminación de género, raza, posición política o religiosa. Además, la existencia de un control democrático abre el espacio para abordar las desigualdades relacionadas con la diversidad dentro y fuera de las organizaciones. Todos estos factores redundan en un mayor reconocimiento socio-cultural de la diversidad campesina en Colombia.
  • Ambientalmente, los miembros son técnicamente los propietarios de las cooperativas y su bienestar depende de una visión sostenible sobre los recursos naturales. En este contexto las estrategias que buscan rentabilidad en el corto plazo son descartadas por otras que perduran en el tiempo.

En varios países las cooperativas han contribuido a estas transformaciones logrando:

• La regulación de los precios al alza, por ejemplo, los mercados europeos lácteos en los que existe una mayor cuota de mercado por parte de las cooperativas, ofrecen un retorno 15% superior comparado con otros mercados en los que el cooperativismo es minoritario. (Bijman et al., 2012).

• Un mayor crecimiento de los ingresos para los agricultores chinos que transitan de un modelo de subsistencia hacia la profesionalización y especialización de sus productos (Yang & Liu, 2012).

• La generación de empleos localizados en zonas rurales francesas, siendo estos más estables y de mayor de calidad ya que las cooperativas promueven un enfoque de desarrollo territorial, teniendo un mayor sentido de pertenencia y vinculación con las comunidades (Filippi, 2014).

• Una mayor influencia en políticas agrarias europeas que han apoyado a las cooperativas a fortalecer su posicionamiento colectivo en el mercado, incrementando su participación en el mismo (Bijman, 2012).

• La recuperación y preservación ambiental de la tierra a través de iniciativas como el Pacto Verde, impulsado por cooperativas de América Latina (ACI, 2009).

• La soberanía alimentaria de varias comunidades ecuatorianas, reconociendo sus valores y costumbres campesinas (Contreras, 2017).

• Una mayor atención a cuestiones de género a través de políticas de formación sobre equidad de género y participación de mujeres en cooperativas de Uganda (OIT, 2012).

A pesar del potencial de las cooperativas para promover transformaciones económicas, sociales y ambientales, existen varios cuellos de botella que no les permiten lograr dichos cambios a mayor escala: capacidades limitadas para el desarrollo del negocio, la gestión financiera y la gobernanza de la organización; bajos niveles de confianza y asociatividad; prácticas no democráticas y discriminatorias; influencia limitada en políticas públicas; y el impacto de su operación sobre el medio ambiente.

En este sentido, es fundamental construir y facilitar mecanismos para el fortalecimiento de las organizaciones de productores, cerrando las brechas existentes dentro del modelo cooperativo y mitigando los factores externos que refuerzan estos cuellos de botella. Una estrategia de política pública que integre los esfuerzos de entidades como la Unidad Administrativa Especial de Organizaciones Solidarias, la Agencia de Desarrollo Rural, el Programa de Transformación Productiva, la Agencia de Renovación del Territorio, la Agencia Nacional de Tierras, entre otras entidades, resulta esencial para desarrollar el modelo cooperativo agrario y defender la legalidad, promover el emprendimiento y lograr la equidad del campo colombiano.

Felipe Moreno Bechara
Representante en Colombia de la agriagencia española de cooperación internacional – Acodea.

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